Tras la muerte de Bertha, sus hijas Christa, Inga y Harriet y su nieta Iris se reúnen para leer el testamento, en el que lega la casa familiar de Bootshaven a Iris. Debe decidir que hacer con ella, y mientras tanto, a solas en la casa va encontrando objetos y recorriendo habitaciones, rincones y lugares que evocan en ella recuerdos y le plantean enigmas en torno a la vida de sus tías, de Rosmarie, su prima muerta, su abuela y Anna, la hermana de ésta. Poco a poco irá descubriendo detalles que le permitirán conocer los misterios de su familia.
Últimamente estoy teniendo bastante suerte con lo que leo porque este también me parece un estupendo libro. Una novela suave, muy amena. Deliciosa, como el sabor de las grosellas y las manzanas maduras que crecen en el jardín de la casa, con su puntito de amargura (de las pepitas de manzana). Es una historia de recuerdos, pero también de olvido como en el que se va sumiendo Bertha a medida que avanza el alzheimer que padece. Es muy evocadora, te traslada a lugares que parecen viejos conocidos gracias a las magníficas y sutiles descripciones, tiene momentos mágicos e historias de amor y desamor. Otra cosa que me ha gustado es como la autora va introduciendo las incógnitas que más adelante y poco a poco se irán resolviendo y aclarando los misterios familiares.
En definitiva, una novela con una buena historia y unos personajes atractivos que se lee estupendamente y con ganas.




